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Tres mitos aztecas

Tres mitos aztecas

El día de hoy hablaremos brevemente acerca de tres de las de deidades de la cultura azteca. Comenzaremos por Tláloc, el dios de la lluvia. Se dice que él sabía la ubicación exacta de donde se debía construir la ciudad de Tenochtitlan.

En caso de que no lo sepas, los aztecas recibieron un mensaje en donde se especificaba claramente que debían erigir su ciudad principal en el momento justo en el que vieran a un águila parada sobre un nopal devorando a una serpiente.

El deseo de Tláloc era principalmente el que los habitantes de esa demarcación vivieran en paz y armonía. Se dice que sus dominios estaban en una especie de inframundo subacuático en el que sólo podían entrar aquellas almas cuyas muertes estuvieran directamente relacionadas con la intervención del agua.

El segundo mito es el de Chalchiuhtlicue, diosa que encarnaba a la belleza. A la fecha, si viajas a Teotihuacán podrás ver un monumento dedicado a ella. Se le representa como una joven hermosa que a su vez porta una falda de jade. Recordemos que para la cultura azteca este mineral era muy representativo.

Hay ocasiones en los que por su falda flotan dos niños, aunque algunas veces se trata sólo de un infante con los rasgos de los dos sexos. También se le atribuye la protección de las cosechas y la fertilidad de la tierra.

Por último, mencionaremos a Quetzalcoatl. Es conocido popularmente como la “Serpiente Emplumada”. Según se cuenta en el mito cosmogónico azteca que en el instante en el que concluyó la confección del mundo, los dioses estaban sumamente contentos por la formación del mundo.

Sin embargo, Quetzalcoatl se sentía molesto, pues creía que la especie humana tener acceso a la fuente del conocimiento. Es por esa razón que tomó la forma humana y vivió por un tiempo con los aztecas, para después desaparecer.

Luego se creó la historia de que un día Quetzalcoatl regresaría a ese mismo lugar. De hecho, los habitantes de Tenochtitlan confundieron el arribo de Hernán Cortés con el de un dios. De esa manera terminan los tres mitos aztecas.

Leyendas de terror Un niño extraño


Julián era un pequeño al que la mayoría de personas podía calificar como introvertido, ya que le costaba muchísimo trabajo comunicarse en público. Su maestra detectó ese problema e hizo que frecuentemente pasara a exponer frente a sus compañeros, para que así perdiera el miedo de hablar ante una concurrencia.

Sin embargo, al enterarse de esto los padres del chico se quejaron en la dirección del plantel, provocando que el director amonestara a la profesora. Los problemas de Julián continuaron hasta que su padre decidió llevarlo con un curandero que le había recomendado un camarada suyo.

El local del chamán se ubicaba adentro de un mercado. La estrechez y lo descuidado de los demás puestos hicieron que el niño sintiera mucho miedo, pues ese lugar se parecía a algunos sitios que él ya había imaginado antes, puesto que le encantaba leer leyendas de terror.

Al entrar al establecimiento, el curandero no dejó que ni el adulto ni el infante pronunciaran una sola palabra y comenzó a murmurar algo en un idioma extraño:

– Su hijo está completamente curado. Ya no tendrá ningún problema al querer expresar sus ideas.

El padre de Julián lo miro fijamente a los ojos y le dijo:

– ¿Cómo supo a que veníamos, si ni siquiera nos ha entrevistado como es debido? ¡Ah, ya sé!, tal vez mi amigo Aníbal le habló de la situación.

– Hasta el momento no he tenido comunicación con el señor Benítez, por lo que puede desechar esa idea. Lo que le comenté anteriormente me lo hicieron saber los espíritus del más allá que trabajan conmigo. Expresó el chamán.

Julián y su padre salieron de ahí y el curandero no les cobró ni un centavo. El jovencito se volvió un personaje popular y comunicativo. No obstante, esto le duró muy poco, pues exactamente 90 días después de su extraña visita al “médico”, su madre lo encontró muerto al pie de su cama.

Tenía los ojos abiertos y una expresión de pavor en su rostro que, por cierto, la mujer jamás pudo alejar de su mente.

Historias cortas de terror de Ouijas

Historias cortas de terror de Ouijas

Era la cuarta noche continua que las chicas se reunían para jugar a la ouija, pues en las primeras ocasiones no tuvieron ningún percance, así que se lo tomaron a risa y al terminar cada una se fue a dormir como otra noche más. Pero un rato después, una de ellas se despierta para ir al baño y es invadida por un miedo incontrolable, así que tuvo que recurrir a una de sus amigas para que le acompañara y ella también le calmó un poco.

Ambas volvieron a la habitación, mientras la chica asustada se hundió en un llanto desesperante en completo silencio, la otra volvió a dormir, solo por unos instantes, pues los gritos de su amiga le hicieron saltar de la cama muy asustada, entre llantos, sollozos y angustia, la muchacha pudo decirle que había visto a un hombre parado junto a su cama, lo describía con tal detalle que era difícil no creerle, además, mientras dormía, a la otra joven le pareció haber soñado con ese hombre, solo que, no estaba parado junto a la cama, sino que estaba intentando asfixiarla y a no ser por los gritos en la habitación, seguramente lo habría logrado.

De inmediato, todas ellas estaban reunidas en la sala, contando lo sucedido, recordando historias cortas de terror de ouijas, en las cuales sin duda ocurrían sucesos extraños después de jugar con ella. En este caso, tal vez empeorarían muy pronto pues esa era ya su cuarta sesión, nadie podría especificar cuantos espíritus pudieron llamar, cuantas puertas lograron abrir, o que clase de seres las estaban acechando, ni siquiera tenían idea si sobrevivirían esa noche…

Por encima de sus cabezas, en el segundo piso, empezaron a escucharse lamentos, gemidos, susurros, sin embargo, todas ellas estaban ahí reunidas, y los gritos no se hicieron esperar, cuando crujieron las escaleras, algo bajaba hacia ellas y seguramente no era algo muy bueno.

Tipos de audiciones para una obra de teatro

Tipos de audiciones para una obra de teatro

En las audiciones teatrales, sobre todo en aquellas que se llevan a cabo en escuelas de educación media superior o de nivel universitario, hay diferentes condiciones que los actores deben cumplir.

Supongamos que deseas participar en una de las obras de teatro cortas del calendario escolar. En ese sentido, el peor paso sería el de acudir a la oficina cultural del plantel para pedir información sobre el día en que se llevarán a cabo las audiciones.

Lo segundo es investigar a qué tipo corresponde este casting. Es decir, si es abierta o bien por cita.

Como su nombre lo indica, la primera categoría hace referencia a que los responsables de la audición colocan en el panfleto o cartel la fecha exacta y el lugar en donde se llevarán a cabo las pruebas. Por lo general, los aspirantes se acomodan como van llegando y el casting no concluye hasta qué pasa al escenario teatral el último candidato.

En contraste, nos encontramos con las audiciones por cita. En este caso, el director de reparto indica cuál será el día en el que se evaluará el desempeño de quienes quieran participar en roles secundarios y quienes desean hacerlo en papeles protagónicos.

Luego deberás llamar al número telefónico que aparece en el cartel y esperar a que te confirmen el día de la audición. Puede ser que este método de selección a priori te parezca algo complicado, pero en verdad no lo es. De hecho permite al director de la obra llevar un control más estricto sobre los posibles candidatos.

Por otra parte, en las audiciones en las que se tiene que solicitar una cita, se les informa a los actores cuál es el tiempo exacto de su prueba (dos minutos, cinco minutos etc.). A veces también se les proporciona por medio de correo electrónico, el texto que deberán leer, para que así ya vayan preparados el día en que les toque realizar su casting.

Mitos sobre las verduras

Mitos sobre las verduras

La cocina es la habitación de la casa en donde han surgido el mayor número de mitos urbanos conocidos. Y es que dependiendo del cocinero, cada persona crea sus propias historias sobre los motivos por los cuales se deben utilizar ciertos alimentos y descartar otros.

Sin ir más lejos, hoy detallaremos algunas de las crónicas que aún hoy en día acompañan a muchos vegetales, pero que no tienen una base sólida para seguir existiendo.

Por ejemplo ¿Cuántas veces hemos escuchado a nuestras abuelas decir que se escojan las verduras que tengan un color más intenso? Pues éstas tienen una mayor carga nutrimental.

Desde luego que hay que elegir los vegetales que estén más frescos, pero no es necesario seleccionarlos tomando como referencia su tonalidad. Si no me crees, te invito a que revises las propiedades del repollo y con ello te darás cuenta que aunque su color sea blanco aporta un gran número de vitaminas y minerales al organismo. Además puede ser consumida cruda o cocida.

Hablando de la cocción de las verduras, muchos dicen que al someter a esta clase de alimentos a altas temperaturas, se modifica su composición química haciendo que de manera inevitable se pierdan muchos de sus nutrientes.

Sin embargo, la clave reside en la preparación de los diferentes platillos. Hay verduras que deben ser freídas en vez de ser cocidas al vapor, pues así sus vitaminas y minerales se mantienen “sellados” en su interior. En tanto que existen otras que liberan su potencial al ser cocinadas.

El tomate es un elemento que nos puede servir para explicar este punto, ya que al exponerlo al fuego, se liberan moléculas de licopeno, las cuales de acuerdo con estudios realizados en laboratorios de universidades prestigiosas, pueden ayudar a prevenir cuadros de cáncer.

Para cerrar esta entrada, no podríamos irnos sin dedicarle un párrafo al mito que afirma que el comer zanahorias mejora la visión. Lo que ocurre con este tipo de hortalizas es que cuentan con una gran cantidad de vitamina A, la cual sirve para mantener en buen estado a nuestros ojos. No obstante, si tienes alguna afección en ellos, no te ayudarán de mucho.

Leyenda corta del jinete sin alma

Eran los tiempos de la revolución mexicana, en donde todos los mexicanos se desplazaban en caballos, cuando un revolucionario hizo historia, era un indígena que cansado de la opresión del mal gobierno se enfrasco en una lucha en solitario, sin tener temor a nada, le apodaron el Jinete sin alma.

Si bien esta leyenda corta, se ambienta en épocas pasadas, este singular personaje, se escucha mucho en el estado de Zacatecas, de donde se cree que nació esta leyenda corta de terror.

Juan Sánchez era un campesino, al cual le habían quitado sus tierras, y masacrado a su familia, en épocas de la revolución, dolido por la muerte de su familia, hizo un pacto con el diablo, para el solo dar muerte a la mayor cantidad de personas de los que estaban en el gobierno.

Solitario y considerado un revolucionario, aunque nunca se acercó a los que en ese entonces, participaban en la revolución, Juan Sánchez, había pactado, no morir en 5 años, con el mismo demonio, para dar muerte al coronel que había dado la orden de matar a toda su familia, y junto con él, todos los subalternos que le acompañaban.

Supo de parte de quien había sido la orden, porque vecinos que si aceptaron salirse de sus tierras, así se lo habían comentado, pero su familia al estar sin el pilar de la casa, no había podido tomar una decisión y por ello pagaron las consecuencias.

Leyenda corta del jinete sin alma

Juan que en ese momento, había salido a la capital, para vender parte de su cosecha, al llegar quedo destrozado y queriendo tomar venganza, su alma al maligno entrego, al final se escuchó que dio muerte a todos los que participaron, en la matanza, quemándolos vivos dentro del mismo cuartel, y estando junto a ellos sin quemarse, y carcajeándose de ver como se retorcían de dolor, así termino sus días.

Pero su leyenda sigue vigente aun ahora que pasaron décadas desde que se escuchó su historia, aunque no pudo devolver la vida a su esposa e hijos, logro que cada una de las personas involucradas, terminara sus días en el infierno, junto a él.

Cuentos infantiles japoneses: Momotaro, el niño melocotón

Cuentos infantiles japoneses: Momotaro, el niño melocotón

En el lejano Japón, hace muchos, muchos años, vivía una pareja de ancianos solitarios, ellos no tenían hijos, pero eran muy felices contando el uno con el otro. El hombre era leñador, actividad en la que su esposa ayudaba, además de cumplir con sus propias tareas.

Cierto día salieron los dos al campo; mientras el hombre realizaba su trabajo, la mujer fue hasta el rio para lavar la ropa, ahí se encontró con una agradable sorpresa, pues flotando en el agua, justo frente a sus ojos, veía pasar un enorme melocotón, posiblemente el más grande que haya contemplado en toda su vida.

Hizo venir a su esposo con tales gritos de emoción, y ambos, se encargaron de sacar el melocotón para llevarlo a la orilla, pero la sorpresa aun no terminaba, al abrir el enorme fruto, encontraron dentro un niño, un pequeño sonriente de tez blanca y grandes ojos negros.

Los ancianos se sentían bendecidos, pues de una forma poco usual había llegado a ellos el hijo que nunca tuvieron y le llamaron Momotaro, (Momo que en japonés significa melocotón y Taro que es un nombre muy usado en ese país). Su dicha crecía día a día, al verle muy sano y fuerte, más robusto que los otros niños del pueblo. Nadie rivalizaba con él, sin embargo, aún no pronunciaba ni una sola palabra, lo que les preocupaba un poco.

Pasó el tiempo, hasta el día en que algunos demonios estaban cometiendo fechorías por todo el pueblo y la voz de Momotaro se alzó para decir que él mismo se encargaría de derrotarlos. Dispuesto a cumplir su misión salió hasta los dominios de los malhechores.

Camino a su destino, el joven se encontró con un perro, le compartió su comida, y como agradecimiento, el can se le unió en el viaje. Tiempo después, se toparon con un mono, quien no dudó en unirse a la batalla cuando recibió también un poco de pan. El último en unirse al grupo fue un faisán, también correspondiendo por haber recibido alimento.

Así, se embarcaron todos hasta A Onigashima (La isla de los demonios), y llegaron por sorpresa. El faisán sobrevoló en área, informando al joven que todos los demonios dormían después de una larga fiesta, pero no pudieron seguir porque el portón estaba cerrado. En ese momento fue turno del mono que entró en acción trepando por el alto muro de piedra y abrió la enorme puerta desde dentro.

Bajo las órdenes de Momotaro, todos irrumpieron gritando. Los demonios, aun adormilados, se sorprendieron al ver al chico con los tres animales. Antes de que pudieran reaccionar, el perro empezó a morderles, el faisán a picotear sus cabezas y el mono a arañarles con sus fuertes uñas. Por mucho que los demonios quisieron defenderse, no tuvieron nada que hacer ante un equipo tan valiente y bien organizado. Momotaro se enfrentó al jefe de los demonios y les ordenó no hacer más cosas malas.

Los demonios entonces se rindieron, devolvieron lo robado, y nunca más volvieron a la aldea de Momotaro.

Adaptación de una leyenda popular japonesa para cuentos cortos infantiles.