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Cuentos de terror La neblina obscura

Cuentos de terror La neblina obscura

Era un domingo por la mañana y después de ir a caminar, pensé que sería buena idea hacer las compras de la semana, pues así ahorraría mucho tiempo.

El supermercado se encontraba a unas pocas cuadras de mi ubicación. Llegué y me sorprendí que casi no había gente. En eso recordé que era un fin de semana largo, es decir, la gente no iría de nuevo a trabajar sino hasta el martes, por lo que la ciudad estaba prácticamente vacía.

Tomé un carrito y empecé a recorrer cada uno de los pasillos, pues no llevaba una lista específica de comestibles. Cuando iba más o menos a la mitad del local, vi como los policías de la puerta comenzaron a cerrar las salidas con suma rapidez.

Me acerqué a uno de los empleados de la tienda y le pregunté:

– ¿Qué es lo que sucede?

– Hay una niebla espesa de color negro que se aproxima velozmente. No sabemos lo que es, aunque mi supervisor dice que es una nube tóxica.

– ¿Existe alguna salida trasera? Cuestioné.

– No. Las salidas que tenemos sólo están pintadas.

Ustedes no imaginan todo lo que pasó por mi mente en ese momento, ya que de haberme quedado en el parque no habría visto el panorama tan funesto que estaba a punto de suceder. De hecho, fue peor que en los cuentos de terror.

Las personas que se quedaron al frente de la tienda, comenzaron a convulsionar y a vomitar grandes cantidades de sangre hasta que quedaron muertos.

Otros tantos se asfixiaron de inmediato y a otros la extraña sustancia les perforó los cuerpos como si ese químico tuviera la capacidad de carcomer la piel humana.

En mi desesperación ingresé a la bodega en donde almacenaban las reservas de productos y encontré una salida de emergencia.

Pese a que pude escapar de la muerte, me quedaron algunas secuelas. Por ejemplo, ahora tengo que llevar conmigo una mascarilla de oxígeno, pues de lo contrario no puedo respirar.

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