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Leyendas de terror Un niño extraño


Julián era un pequeño al que la mayoría de personas podía calificar como introvertido, ya que le costaba muchísimo trabajo comunicarse en público. Su maestra detectó ese problema e hizo que frecuentemente pasara a exponer frente a sus compañeros, para que así perdiera el miedo de hablar ante una concurrencia.

Sin embargo, al enterarse de esto los padres del chico se quejaron en la dirección del plantel, provocando que el director amonestara a la profesora. Los problemas de Julián continuaron hasta que su padre decidió llevarlo con un curandero que le había recomendado un camarada suyo.

El local del chamán se ubicaba adentro de un mercado. La estrechez y lo descuidado de los demás puestos hicieron que el niño sintiera mucho miedo, pues ese lugar se parecía a algunos sitios que él ya había imaginado antes, puesto que le encantaba leer leyendas de terror.

Al entrar al establecimiento, el curandero no dejó que ni el adulto ni el infante pronunciaran una sola palabra y comenzó a murmurar algo en un idioma extraño:

– Su hijo está completamente curado. Ya no tendrá ningún problema al querer expresar sus ideas.

El padre de Julián lo miro fijamente a los ojos y le dijo:

– ¿Cómo supo a que veníamos, si ni siquiera nos ha entrevistado como es debido? ¡Ah, ya sé!, tal vez mi amigo Aníbal le habló de la situación.

– Hasta el momento no he tenido comunicación con el señor Benítez, por lo que puede desechar esa idea. Lo que le comenté anteriormente me lo hicieron saber los espíritus del más allá que trabajan conmigo. Expresó el chamán.

Julián y su padre salieron de ahí y el curandero no les cobró ni un centavo. El jovencito se volvió un personaje popular y comunicativo. No obstante, esto le duró muy poco, pues exactamente 90 días después de su extraña visita al “médico”, su madre lo encontró muerto al pie de su cama.

Tenía los ojos abiertos y una expresión de pavor en su rostro que, por cierto, la mujer jamás pudo alejar de su mente.